El poder hace referencia a la capacidad de una persona o grupo para imponer de forma recurrente su voluntad sobre otros… Talcott Parsons
En el presente trabajo daré un pequeño análisis de lo que la televisión en general produce, pues no sólo es utilizada como objeto de entretenimiento sino también es la causa de muchos problemas que poco a poco van deteriorando el intelecto de las masas.
Para ello me enfoqué en ideas principales de tres personajes, Ignacio Ramonet, Ryszard Kapuscinski y Giovanni Sartori, quienes estudiaron la dinámica de lo que este aparato en realidad transmite.
Con la llegada de la televisión se abrió la posibilidad de tener, de manera inmediata, la repartición de imágenes y sonidos reales que hasta la fecha forman parte de la vida cotidiana de los seres humanos, sin importar los objetivos publicitarios y propagandísticos que en realidad tiene y que no respeta edad, raza, color y sexo.
La relación entre este medio de comunicación y el poder siempre será un tema a discutir tan amplio y basto de opiniones que todas llegarían al mismo acuerdo de que en este momento los inmensurables canales de televisión que ofrecen ciertas compañías por cable llevan al cerebro humano al mismo punto, que es el de generarle más desinformación y mucho más entretenimiento sin necesidad de hacer esfuerzos intelectuales.
El televidente promedio en México ve alrededor de 3 horas 20 minutos al día. Las personas que cuentan con TV de paga dividen su tiempo en ver las señales de TV abierta y de paga, de acuerdo con IBOPE Y TGI.
Actualmente, para los comunicólogos ¿cómo se definiría la palabra poder?, no dista mucho de lo que nos menciona Parsons, ya que la palabra ha adquirido una gran fuerza pues se ha visto que los medios de comunicación se han convertido en fuertes líderes de opinión, así como instructores de mentes débiles porque, independientemente de la capacidad de cognición que tiene el ser humano, se ha visto involucrado más en lo que la televisión dice.
Me enfoco en este medio debido a que tiene más auge en comparación a las demás esferas del periodismo, que desde finales de los años 80 ha sido el más dominante en materia de entretenimiento, pero también se convirtió en el primero en la transmisión de información.
Para reafirmar esto retomaré la idea de Ignacio Ramonet, quien en su libro La tiranía de la comunicación, señala que “la televisión ha establecido una especie de nueva ecuación de la descontextualización de la información y la ha ido sumergiendo en la ciénaga de lo patético, que podría formularse así: si la emoción que usted siente viendo el telediario es verdadera, por lo tanto, la información es verdadera”.
Sin embargo, Ramonet subraya que “ver no es lo mismo que entender, pues las imágenes nos limitan la relación con la palabra hablada y escrita así como el dominio del pensamiento”.
Por esto, la gente está entrando en un punto de pereza mental, en donde todo lo que pase por la televisión lo considera verdad, confiándose de que esa información está llegando a gigantescas cantidades poblacionales a nivel nacional e internacional, lo cual provoca que al abrir un periódico o encender su radio y escuchar con mayor detenimiento la información, ya no tiene sentido para la persona.
Otro de los factores que influye en esta enajenación es el poder económico que las grandes cadenas televisivas tienen, pues parte de sus ganancias dependen a gran escala del manejo publicitario, control del que sólo unos cuantos se privilegian, tal como lo menciona Ryszard Kapuscinski, en Los cinco sentidos del periodista, donde el poder está en manos de quien pueda poseer un estudio de televisión, un diario o radio.
Desde mi punto de vista, creo que el mayor poder que estamos viviendo es una fusión entre lo económico y la televisión, ya que la información que se transmite en este medio es más cómoda y digerida, con prolongados espacios publicitarios que abarcan un porcentaje mayor de los programas que se transmiten, aunque sean noticiosos.
La información, según Ramonet y Kapuscinski, es considerada como una mercancía y ha sido utilizada como un arma en la lucha política para obtener influencia y hoy, tras el ingreso de capital a los medios masivos, se reemplaza la búsqueda de lo que es más interesante por lo que vende más, es decir, es más importante que el acontecimiento mueva más masas.
Aunado a este problema también está la competencia que existe entre los medios, es decir, ya no les interesa tanto el cuidado en el manejo de la información, sino la inmediatez con que puedan llegar al lugar de los hechos y ser los primeros en enlazar “en vivo” al reportero, narrando notas más sensacionalistas que informativas, faltando a las reglas básicas en la estructura del periodismo (¿qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿dónde?).
De igual forma, la televisión construye la actualidad al imponer sus imágenes y obliga a la prensa a seguirla, en donde lo veraz de un suceso ya depende de la cantidad de veces que se repita para adquirir su jerarquía y autenticidad.
Profundizando más sobre el poder que tiene la televisión en los demás media y de la gente, explico algunas de las ideas primordiales de Giovanni Sartori de su libro El Homovidens.
Hemos visto que la televisión aparte de entretener, relaja y divierte, pero también invade el hogar, ya que después de “educar” a los niños sigue formando adultos por medio de la información mal utilizada y manipulada, con esto se refiere Sartori que al hombre, no se le da suficiente poder de crítica y análisis, haciendo que todo lo que vea y escuche lo adquiera de manera rápida y sin decodificación.
Además la televisión da demasiada información que no se comprende, lo cual conlleva a los fenómenos conocidos como subinformación y desinformación, donde la primera empobrece la noticia y la segunda distorsiona los datos, dando como resultado una crisis intelectual.
La televisión dirige a la sociedad como mejor le parezca, por ejemplo Giovanni Sartori dice que la ésta condiciona fuertemente el proceso electoral por lo que maneja el gobierno y sus decisiones, llevando al hombre hacia una “opinión teledirigida”.
Desde ahí surge gran parte del problema social en el que se vive, porque se supone que el ser humano necesita de reglas o leyes para poder subsistir y avanzar, pero cómo lograr esto si desde la política todo se desenvuelve bajo intereses de un grupo selecto o en la infancia uno crece acompañado de la televisión, poniéndola como el máximo modelo a través del cual el hombre se entiende con su espacio.
De acuerdo con Sartori “la televisión es una paideia para el niño, es decir, un proceso de formación del adolescente, un instrumento antropogenético que genera un nuevo tipo de individuo”.
Por lo tanto, el menor al estar horas y horas tras la pantalla antes de empezar a leer y escribir, la televisión pasa a ser su baby sitter, su primera escuela de aprendizaje, en donde el infante absorbe y registra rápidamente todo lo que ve. Es decir, “el video-niño es aquel que crece frente a un televisor como un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura”.
Para sustentar un poco más esto, retomo el ejemplo que da Sartori de una investigación del Instituto Centrale di Statistica (ISTAT) que se hizo en Italia en donde resultó que 95 por ciento de los niños entre 3 y 10 años ven la televisión casi todos los días, por lo que se termina uno de convencer de que la televisión no es más que los primeros maestros del pequeño.
Otro ejemplo de un estudio que se hizo en Colombia puntualiza que el 85 por ciento de los menores inician el hábito televisivo antes de los tres años de edad, lo que conlleva a un cambio de las actividades que propician el desarrollo del Sistema Nervioso Central como caminar, correr y jugar por actividades sedentarias. Ver TV se ha convertido en la actividad de ocio líder del niño después de dormir. El tiempo frente a la pantalla es tan elevado que disminuye el dedicado a la lectura, trabajo escolar, deporte, juegos y comunicación familiar.
Debido a esto, el homo sapiens pasa de ser un animal racional a un telespectador, un animal vidente, a lo que Sartori llama un homo videns, en donde valen más las imágenes que las cosas dichas con palabras.
“El homo sapiens es producto de la cultura escrita en donde debe todo su saber y avance de entendimiento a su capacidad de abstracción, y en el homo videns la palabra está destronada por la imagen”.
Con toda esta cantidad de problemas que se suscitan en los medios de comunicación, los periodistas y las personas, en general, deben de tener una fuerte conciencia para evitar ser parte de esta “idiotización” y evitar caer en la mediocridad informativa y humana, respectivamente.
Ser periodista implica para Raymundo Riva Palacio, en su libro Más allá de los límites, ser una persona singular y admirable, curiosa y vivaz, no trabaja tanto por dinero sino por su medio. Es capaz de tener una paciencia inagotable y de permanecer con la mente fría.
Por su parte, Kapuscinski afirma que la gente común conoce el universo a través de los grandes medios, en donde cada vez más historias virtuales ocupan el lugar del mundo real.
Con esto, el periodista se ve envuelto en un gran dilema, su papel como comunicador y generador de noticias se ha convertido en un vendedor más de opiniones y, en la gran mayoría de los casos, es vocero de la mafia política porque culpa de este mal uso de la tecnología y desinformación es por el gobierno, que se olvida de ver por el pueblo y sólo enseña lo que más conviene en el momento, usando a los medios de comunicación como los títeres del poder para manipular a las masas.
No cabe duda que vivimos en el siglo de las nuevas generaciones y desarrollos tecnológicos, pero también cada vez más existe el bombardeo comercial provocado por el imperialismo cultural de la comunicación donde sufrimos los estragos de imitar los mismos métodos de generar y distribuir la información que Estados Unidos.
México no ha sido un país de grandes lectores y con la televisión muy por delante de un libro, se irá reafirmando más la idea de que la imagen siempre será más poderosa y “educativa” que un montón de líneas sin dibujos.
La Encuesta Nacional de Lectura (ENL) nos da la muestra al indicar que cerca de 49 millones de mexicanos (61 por ciento de la población de 12 años o más) leyeron, además de otros materiales, al menos un libro en el último año. De ese total, la mitad declaró haber leído tres libros o más.
No deja de sorprender que sólo 3 millones y medio de mexicanos, principalmente jóvenes, leyeron más de 10 libros en el último año. La distribución resultante arroja un promedio anual de 2.9 libros leídos por persona. Esta cifra no es nada alentadora si se compara con la de Noruega (18 libros), Alemania (15), Portugal (8.5) o España (7.7).
En conclusión, es evidente que, con la televisión, el ser humano cada día pierde más las posibilidades de desarrollo y adquiere una visión general inmediata de lo que en realidad le rodea, excluye las otras posibilidades para alimentar su cerebro y se deja llevar por lo más simple y rápido como lo es una imagen editada y con la información manipulada.
Desde mi punto de vista se necesitan nuevos reglamentos que ya no permitan dejarle la televisión a las principales cadenas, Televisa y TV Azteca, sino permitir la apertura de nuevos canales que produzcan más información objetiva; nuevos medios que generen diversas visiones y ya no sólo de entretenimiento, aquellos que de verdad logren una alfabetización.
Permitirle a la sociedad la libertad para elegir lo que mejor le satisfaga, con la responsabilidad propia de continuar por el camino de la mediocridad e ignorancia y no uno impuesto de manera directa.
Con ello debe ir de la mano el control total de los espacios de publicidad y propaganda, que sin duda es de lo que más se mantienen vivas las televisoras y a lo que más recae, por ejemplo, las amas de casa, quienes son el blanco perfecto para estas campañas, al bombardearlas de un sin fin de productos para la limpieza del hogar, la comida y la belleza, así como también de un niño que, en lugar de estar haciendo sus labores, busca el juguete con el cual ha de satisfacer su hambre de inocencia.
El otro día, mirando un partido de fútbol, pude percatarme de más de 20 marcas comerciales que constantemente estaban presentes en la pantalla y por supuesto en los ojos del telespectador. Parecía un desfile de colores, en donde de todos los tamaños, estilos y sabores merodeaban en cada rincón del estadio: en el pasto, palcos, lonas, uniformes de los jugadores, sombrillas, gorras, chamarras, botellas de agua o refrescos y las eternas inserciones de publicidad virtual.
Se requiere de otro tipo de cultura televisiva. Si continúan los monopolios encima de la televisión y lo que se transmita, no queda entonces más que ser críticos y enseñarles a los más pequeños de la casa a que distingan entre un buen contenido y la basura, sobre todo cuando se tienen infinidad de accesos a ella.
No debemos dejar que, pese al avance de la tecnología y con ella la calidad de este aparato de “entretenimiento”, venga en decadencia el progreso intelectual del ser humano.
Lo que se trata es de no satanizar a este medio de comunicación sino de hacer énfasis en que así como el hombre ha sido fuerte e inteligente para crear nuevas formas de divertir a la gente, también hay que canalizar esas cualidades para una mejor calidad de vida informativa.
La información, junto con el agua y el aire, se trata indudablemente del elemento que más abunda en el planeta. Cada vez menos cara, en la medida en que aumenta su caudal pero como sucede con el aire y el agua, cada vez más contaminada...Ignacio Ramonet.
martes, 8 de junio de 2010
LA TELEVISIÓN: CÓMPLICE DE LA ESCLAVITUD INTELECTUAL
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Sinceramente la televisión le ha hecho mucho daño al país, nos han enajenado a tal grado que ahora todo lo que vemos en televisión lo creemos porque pensamos que si un acontecimiento lo vemos en pantalla entonces es real; debemos de cambiar de mentalidad, leer, leer y leer es la clave para, como mexicanos, tener otro tipo de idiosincracia.
ResponderEliminarSi seguimos viendo Televisa y Tv Azteca, pasarán los años y no dejaremos de estar ignorantes.